sábado, 26 de noviembre de 2011

Aristóteles Onassis - ¿Vendió su alma al diablo?

Hoy voy a empezar una serie de personajes famosos de la historia y un estudio de como cambiaron el mundo, pero sobretodo, de que fue lo que les hizo especiales. Desde pequeño siempre he sentido una extraña y oscura atracción por los genios de las finanzas y los gangsters, por eso he decidido escribir 100 relatos para compartir lo que me fascina de cada uno de ellos. Como primer relato, mi personaje favorito del siglo XX:

ARISTOTELES ONASSIS:

Aristóteles Onassis nació en Esmirna, un pequeño territorio turco ocupado por Grecia. Su familia se dedicaba la la venta comercial de productos nacionales a pequeña escala, pero fue expulsada de tierras otomanas cuando estás volvieron a formar parte de Turquía durante la 1ª Guerra Mundial; esto afecto a los negocios de los Onassis, pero consiguieron salir a delante al poco tiempo. Años después, ya con 17 años, Aristóteles decide dar un cambio radical a su vida y se embarca con destino a Argentina, con nada más que una maleta y 250$.

La llegada a Buenos Aires no le fue nada fácil a Ari. Primero aceptó un trabajo de friegaplatos en un restaurante para poder pagar su estandia en una pensión de tercera clase. Al poco tiempo decidió avanzar y consiguió un empleo como ayudante de cocina del ferrocarril. Aburrido de la cocina probó fortuna como peon de albañil, pero tampoco se sintió satisfecho, por lo que presentó una solicitud para trabajar en la compañía telefónica. Su petición de trabajo tuvo respuesta y paso a formar parte de la empresa como electricista.
Solo habían pasado unas semanas desde que Aristóteles comenzó a trabajar cuando esuchó a dos compañeros en una conversación que cambiaría su suerte. Los compañeros le explicaron que con el equipo adecuado se podían filtrar las conversaciones y este rápidamente supo como transformar esa oportunidad en dinero. Convencido de lo valiosa de la información, pidió cambiar su turno por el turno de noche, e invesitgó para conocer la dirección de varios corredores de apuestas y de bolsa para tratar de escuchar sus conversaciones.

Al principio no tuvo éxito, las operaciones de las que conseguía información eran demasiado pequeñas, pero utilizando sus contactos redefinió sus objetivos, y una noche escuchó como dos grandes inversores comentaban una operación millonaria que se produciría al día siguiente. Ari no lo dudó ni un momento, al dia siguiente reunió todos sus ahorros y pidió dinero a sus compañeros, y le pidió a un broker que comprara 2.500$ en acciones de la empresa en cuestión. Al día siguiente se anunciaba la adquisición de una compañía frigorífica argentina por un gigante americano y la bolsa de Buenos Aires se revolucionó. Las acciones de Onassis pasaron a valer más de 7.000$ tan solo 48h después de haberlas comprado.
Para que os hagáis una idea, en aquella época una casa en el centro de Buenos Aires rondaba los 5.000$. Lejos de derrochar el dinero, Aristóteles decidió importar tabaco griego a Argentina; al fin y al cabo era el negocio que manejaba su padre por aquel entonces y lo conocía bien, y mantuvo su trabajo en la telefónica para poder subsistir. El poco dinero que conservó lo dedicó en alquilar un pequeño apartamento en una zona de moda y comprar cantidad de ropa de diseño para poder codearse con la jet set de la ciudad.

El negocio del tabaco dio su fruto, pero no tuvo la repercusión que el joven empresario deseaba, por lo que usando sus dotes de relaciones públicas dió con el contacto adecuado que le llevó hasta Juan Gaona, propietario de Piccardo, la principal tabacalera del país. El tabaco griego gozaba en aquella época de una gran reputación en Argentina, por lo que Onassis ofreció a Gaona mezclar los dos tipos de tabaco, y venderlo como si fuese griego, incluso ofreciendo al magnate del tabaco un portafolio de ideas publicitarias y esloganes. Gaona no quedó impresionado por la idea de negocio pero si por la aptitud de Ari, por lo que decidió hacer un encargo de 10.000$ como voto de confianza al griego. La operación sería un éxito y se repitió con asiduidad, siendo también copiada por el resto de empresarios tabaqueros argentinos, lo que rápidamente enriqueció al joven Ari.

Aristóteles tenía 26 años y ya contaba con una pequeña fortuna, pero quería más... siempre quería más. Esa magnífica ambición fue la que tanto le dió y tanto le quitó durante toda su vida. Durante aquellos días disfrutaba de una exquisita imagen y una agenda muy completa y en uno de sus guateques en el Jockey Club conocería al armador Nicolás Mihanovic, con el que entabló una gran relación personal y profesional. Al poco de conocerse y trabajar juntos, Onassis le compró a su nuevo socio una flota de buques antiguos por unos 20.000, y amortizaría su costo en la primera operación.

Algunos dirán que fue el destino, otros la suerte, pero escasos meses depués de comprar la flota, la mayoría de sus barcos fueron hundidos por una tormenta terrible en Montevideo; sin embargo, poco antes el empresario había asegurado las naves contra catátrofes naturales por mucho más del valor real de las mismas, lo que aumentó su riqueza de manera desproporcionada. Con ese dinero decidió dar un paso adelante en su carrera profesional y emigró a Londres. Allí compró una nueva flota canadiense a punto de ser hundida y la reconvirtió en la flota de transporte mercantil más exitosa de Gran Bretaña. Ese mismo año, en 1936, construyó su primer petrolero.


Dirante la II Guerra Mundial la mayoría de su flota volvió a sucumbir ante el azote del océano y las bombas alemanas, pero nuevamente una compañía aseguradora compensaría a un recién treintañero Onassis por un valor mucho mayor del real de los barcos.

Durante la guerra Aristóteles estudió la importancia de los combustibles y es por ello que, una vez terminada la misma, decidió comprar 20 petroleros y realizar un acuerdo con un jeque de Arabia Saudí que le situó como único transportista de petroleo saudí al mundo.

En 1946 el griego, de 40 años, ya era un hombre poderoso, pero su ambición sin límites le otorgó el valor necesario para desposarse con Athina Livanos, 17, hija del magnate naviero griego Stavros Livanos, del que aprendió todo sobre el negocio naviero.
Al poco tiempo del enlace nacieron sus hijos Alexander y Cristina, ambos en New York, nueva residencia familiar; pero la fama de mujeriego de Onassis no era gratuita y de todos eran conocidos sus deslices en sus interminables viajes de negocios. En 1959, en Venecia, conocería a Maria Callas, el que muchos dicen fue el auténtico gran amor de su vida, pero tras una larga y dramática aventura, la abandonó repentinamente para contraer matrimonio nuevamente, esta vez con la viudad del fallecido John Fitzerald Kennedy, Jacqueline.

La vida personal de Aristóteles fue todo lo contrario que la profesional. Si las trampas y los engaños le bridaron los grandes éxitos financieros de su carrera, en lo personal le sumieron en la más absoluta miseria. Al poco de abandonar a Athina en 1962 está se volvió alcohólica y se sumergió en las drogas. Se casaría dos veces después pero las adicciones le costarían la vida en 1974. Un año antes, en 1973, el primogénito de los Onassis, Alexander, perdería la vida en un accidente de avión que el mismo pilotaba. Según dicen los que más le conocían, tras la tragedia trató de encontrar consuelo en María Callas, pero esta, despechada, lo rechazó rotundamente, y Aristóteles se sumió en la más profunda depresión.

El magnate griego nunca se recuperaría de este suceso y con 69 años moría, el 15 de Marzo de 1975, en una clínica de París, con la única compañía de su hija Cristina y con apenas 40 kilos de peso. La maldición que rodeaba a los Onassis no acabó ahí y en 1977 María Callas se quitó la vida en su residencia de París, y en 1988 Cristina Onassis perdía también la vida en Argentina. La única superviviente de toda la estirpe, Athina Onassis Roussel, nieta de Aristóteles, heredó recientemento algo más de 1.000 millones de dólares con tan solo 18 años, y es totalmente desconocido el paradero o la función dada a dicha fortuna.

- Si algo me queda claro de la vida de Aristóteles Onassis, es que exprimió todo lo que le dió la vida, para bien o para mal, tanto en los negocios como en el amor, y con ello consiguió obtener la mayor fortuna del planeta, pero a su vez sumirse en la mayor de las descracias.


2 comentarios:

  1. Me encanta tu idea de contarnos historias de estas jeje ya estoy esperando la siguiente ;)
    Un beso, Natalia (resi ulyss).

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  2. Gracias guapa!!! En otras me centraré más en lo interesante de la vida de cada uno, pero este tuvo una vida tan llena de cosas interesantes que he querido hacerlo en 2 partes.

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